How-to-eat-and-lose-weight

En la década de 1930, Clive McCay, un bioquímico que trabajaba en Ithaca, Nueva York, hizo una observación interesante: las ratas que mantenían una dieta baja en calorías vivían más que las ratas que tenían un acceso sin restricciones a la comida.
 

En los años siguientes, esta observación aparentemente contradictoria se extendió a prácticamente todos los animales, incluyendo los gusanos, las moscas y otros roedores. Es importante destacar que la restricción de la cantidad total de calorías parecía no solo aumentar la esperanza de vida, sino mejorar la salud general del individuo y retrasar el inicio de las enfermedades neurodegenerativas y otros estados patológicos relacionados con el envejecimiento 1.

 

Aunque el protocolo original seguido por McCay consistía exclusivamente en la reducción de la cantidad total de calorías de la dieta manteniendo a la vez los niveles de micronutrientes para evitar la desnutrición, se adoptó enseguida un protocolo alternativo llamado “ayuno intermitente” con resultados similares. El protocolo consiste en ciclos en los que los animales comen día sí, día no: primero tienen libre acceso a la comida durante 24 horas, y luego pasan las siguientes 24 horas en ayuno estricto. Una observación interesante es que los animales que siguen esta dieta pierden peso, a pesar de que la cantidad de comida ingerida a largo plazo es similar a la de los grupos de control, debido a la sobrealimentación de los días con alimento. Las ratas, como todas las cosas del universo, tienen que obedecer la primera ley de la termodinámica, que establece que la energía ni se crea ni se destruye. Si ingieren la misma cantidad de comida y no engordan, ¿a dónde va a parar esa energía?

 

Un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo ha arrojado una nueva luz sobre los mecanismos moleculares detrás de estas observaciones 2. Alimentaron a ratas durante tres semanas; unas, con una dieta normal de laboratorio (con acceso sin restricciones a los alimentos), otras, con un protocolo de ayuno intermitente como el descrito anteriormente. Observaron que las ratas del grupo de control comían solo el 20% más que los animales a dieta, pero su aumento de peso fue más del doble, y decidieron investigar esto más a fondo.

 

Si los animales en ayuno intermitente comen lo mismo pero pesan menos, la explicación más simple sería que asimilan menos nutrientes. Y, hasta cierto punto, este era el caso: el peso total de las heces de estos animales era similar, pero contenía un 15% más de ésteres de colesterol y triglicéridos. Sin embargo, era difícil vincular causalmente una diferencia tan pequeña con los efectos observados.

 

Además de la excreción, los animales también pueden disipar la energía en forma de calor, que es la razón principal por la que la gente es tan aficionada a los gimnasios. Una sencilla explicación era que quizás los animales en ayuno intermitente se movían más y quemaban más calorías debido al incremento de la actividad física. Informes previos indican que los animales con dietas restringidas son a menudo más activos, cosa que se cree que es un rasgo evolutivo conservado: el hambre hace que busquemos comida más activamente. Pero no sucedía así en este caso, pues los animales que ayunaban intermitentemente mostraban niveles similares o incluso más bajos de actividad espontánea que los animales de control.

 

Bien, así que si los animales no estaban haciendo más ejercicio, otra posibilidad era que la dieta indujera un cambio metabólico en las células que las hiciera menos eficientes: cuando las células convierten los nutrientes en moléculas que pueden usar, siempre se libera cierta cantidad de energía en forma de calor y, si la conversión es ineficiente, esa cantidad aumenta. Un buen tejido para probar esta hipótesis es el músculo, ya que es el responsable de una gran proporción de la energía consumida por el cuerpo. Pero, ¿qué parte exactamente del músculo? La mayor parte de la energía obtenida por las células se produce en las mitocondrias, llamadas “centrales energéticas de la célula”. Si la gestión de la energía se ve alterada en las células musculares, ese es el lugar para buscar los cambios y, de hecho, hay varios trabajos que consideran los cambios mitocondriales como respuesta a la dieta. En este caso, sin embargo, los niveles totales de mitocondrias del músculo esquelético de los animales en ayuno intermitente eran idénticos a los del grupo de control, y su eficiencia energética también era similar.

 

Pero tener mitocondrias “normales” no significa que su carga de trabajo sea la misma, igual que la marca de un coche no nos da ninguna información sobre cuánto se utiliza. Para estudiar esto, los investigadores usaron jaulas especiales que miden la cantidad de oxígeno consumido por los animales y la cantidad de CO2 liberado. Así hicieron algunas observaciones interesantes. En los días de ayuno, las ratas que ayunaban de manera intermitente consumían la misma cantidad de oxígeno, pero expulsaban menos CO2, lo que indica que preferentemente usan grasa antes que hidratos de carbono. ¿Por qué? Porque los lípidos son moléculas más reducidas que los carbohidratos y requieren, para su oxidación completa, una cantidad mayor de oxígeno por molécula de CO2 expulsada. Esto es consistente con otra observación hecha sobre estos animales: los niveles de los triglicéridos hepáticos son más del doble en los días de alimento que en los días de ayuno. Por otro lado, en los días de alimentación, los animales en ayuno intermitente consumen más oxígeno y liberan más CO2  (como era de esperar, pues comen en exceso), sin cambios en la proporción de oxígeno consumido / CO2 liberado, pero con un incremento de la temperatura corporal. ¿Qué significa esto? Que las grasas y los carbohidratos se usan en la misma proporción que en el grupo de control, pero parte de la energía obtenida se libera como calor.

 

Finalmente, se estudió el patrón de sobrealimentación midiendo la expresión de neurotransmisores del hipotálamo, que es donde el organismo controla el apetito. Hay dos tipos de neuronas implicadas en el control del apetito: las orexígenas, que promueven el apetito y la ingesta de comida cuando se activan, y las anorexígenas, que inducen la saciedad, y cada tipo expresa neurotransmisores específicos. Como era de esperar, los animales en ayuno intermitente tenían niveles más altos de moléculas orexígenas durante el ayuno, lo que indica que tenían hambre. Pero, sorprendentemente, estas moléculas también se incrementaban los días con alimento, indicando que las ratas tenían hambre incluso después de atiborrarse.

 

El cuadro resultante es que los animales en ayuno intermitente se las apañan para mantenerse delgados comiendo un poco menos, asimilando peor los nutrientes de los alimentos, liberando más calor durante los días con alimento, usando la grasa antes que los carbohidratos los días de ayuno, y estando siempre hambrientos. Es tentador tratar de extrapolar estas observaciones a los seres humanos: ¿es una buena idea ayunar en días alternativos para perder peso? Los resultados de la ciencia básica siempre deben tomarse con cautela, ya que su objetivo es intentar entender los mecanismos moleculares y no descubrir tratamientos milagrosos, y los modelos animales son solo modelos. Pero si me preguntan, parece que la investigación apoya una observación tan vieja como cualquier dieta: la mejor manera de perder peso es pasar hambre.

 

Artículo original publicado por Ignacio Amigo en MappingIgnorance

Referencias:

  1. Amigo I. & Kowaltowski A.J. (2014). Dietary restriction in cerebral bioenergetics and redox state., Redox biology, PMID: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24563846
  2. Chausse B., Solon C., Caldeira da Silva C.C., Masselli Dos Reis I.G., Manchado-Gobatto F.B., Gobatto C.A., Velloso L.A. & Kowaltowski A.J. (2014). Intermittent fasting induces hypothalamic modifications resulting in low feeding efficiency, low body mass and overeating., Endocrinology, PMID:http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24797627

Traductor

Doctora en Filosofía analítica por la Universitat de Barcelona. Hay que estar al tanto de lo que dice la ciencia en la época en que vivimos.

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