2006-09-10 - United Kingdom - England - London - Trafalgar Square - Sign - Cutout - Yellow - Caution Teenagers

Todos sabemos que las relaciones entre padres e hijos son un asunto delicado. Ahora, neurocientíficos de varias universidades estadounidenses de primera línea creen haber encontrado nuevas pruebas neurológicas que ayudan a explicar el porqué.

 

El grupo, formado por investigadores de las universidades de Pittsburgh, California-Berkeley y Harvard, y liderado por Kyung Hwa Lee, invitó a 32 adolescentes y pre-adolescentes sanos -con una edad media de 14 años e incluyendo 22 chicas- a su laboratorio de imagen cerebral. Los jóvenes se tumbaban en el escáner mientras escuchaban dos grabaciones de 30 segundos donde su propia madre les criticaba. Este es un ejemplo:

“Me molesta que te enfades por tonterías. Si te digo que subas tus zapatos del piso de abajo, te enfureces por tener que subirlos, pero acabas subiendo y dejándolos en tu habitación”.

 

¡Vaya! Los investigadores se centraron en tres redes cerebrales concretas del cerebro de los adolescentes: áreas asociadas con el procesamiento de emociones negativas (por ejemplo, el sistema límbico); áreas implicadas en regular las emociones (como la corteza prefrontal); y finalmente, áreas neurales involucradas en entender los puntos de vista de los demás (como es la unión entre los lóbulos temporal y parietal).

 

Querían ver la actividad de estas zonas cuando los adolescentes escuchaban las broncas de sus madres, en comparación con cuando les escuchaban hablar sobre cosas aburridas e irrelevantes, como la lista de la compra. También buscaron si los cambios en la actividad cerebral perduraban en el tiempo.

 

Esta es la principal conclusión: cuando los adolescentes escuchan las regañinas de sus madres, y aún durante un tiempo después, sus cerebros muestran más actividad en regiones asociadas con emociones negativas (¡menuda sorpresa!), pero menos actividad en las áreas involucradas en controlar las emociones y en ponerse en el lugar del otro. Esto sugiere, según los investigadores, que, en respuesta a las reprimendas de sus madres, “los jóvenes desconectan el procesamiento social y posiblemente no piensan en cómo se sienten sus padres”. Añaden: “… la disminución de actividad cerebral en regiones implicadas en la mentalización o la toma de perspectiva podría ayudar a explicar la alta frecuencia de conflictos mal abordados entre padres e hijos”.

 

Así, una interpretación de este estudio es que si la guerra intergeneracional estalla en vacaciones, recuerda que el cerebro de tu hijo o hija adolescente no puede evitar desconectar en cuanto empiezas tu charla. Eso dice la neurociencia, ¿no?

 

Me gustaría dejarlo ahí, pero el escéptico que hay en mí necesita subrayar que este trabajo está lleno de limitaciones, muchas de las cuales confesadas por los propios autores. Por ejemplo, juegan con picardía con un error lógico conocido como “inferencia inversa”, esto es, interpretan el significado de los patrones de actividad neuronal que observan en base a investigaciones previas (el autor del artículo original explica este tema en más detalle en “my new book on brain hype”)

 

Además, este estudio carecía de instrucciones claras para los jóvenes que participaban. No sabemos realmente cuánta atención le prestaban a las grabaciones. Los estudios de imagen cerebral necesitan ser controlados cuidadosamente: cuantas menos instrucciones específicas des a los participantes (y en este estudio prácticamente no había ninguna), menos controlado será el experimento.

 

Las imprecisiones de este trabajo implican que los resultados podrían, en teoría, interpretarse de otra manera. Por ejemplo, tal como suponen los investigadores, quizás el “apagado” del cerebro de los adolescentes sea un efecto protector para evitar que el conflicto escale. Esto encajaría con el hecho de que los adolescentes que dijeron que sus padres eran más comprensivos tendían a mostrar los efectos más agudos durante las broncas.

 

Advertencias y precauciones aparte, los investigadores sostienen que sus resultados dan pistas para ser mejores padres: “Los padres pueden beneficiarse de entender que, cuando critican a sus hijos adolescentes, ellos podrían sufrir una fuerte reacción emocional negativa, tener dificultades en controlar cognitivamente esta emoción, y podría además costarles entender la perspectiva de sus padres”. Creo que ya sabíamos eso, pero ahora lo sabemos neurocientíficamente. Un plus.

Imagen: Flickr/CGP Grey
Artículo original publicado por Christian Harret en Wired

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Polvo de estrellas. Homo sapiens. Apasionado de la Ciencia. Estudiante de Bioquímica. Escéptico. Montañero cuando puedo. Devoralibros. A veces duermo.