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En las últimas décadas, la investigación ha desentrañado gran parte de lo que creíamos saber sobre este hecho crucial de la historia de la humanidad.

 

Creemos tener una idea aproximada de lo que ocurrió hace 12,000 años cuando los humanos de varios lugares del planeta empezaron a cultivar las plantas y domesticar a los animales para el transporte, la alimentación o el vestido. Pero ¿qué sabemos realmente?

 

Washington University in St. Louis professor Dr. Ken Olsen (left), Associate Professor in the Department of Biology, talks with Dr. Fiona Marshall, Professor of Archeology, while touring the lab section of McMillan Hall on the WUSTL Danforth Campus in St.

El biólogo Ken Olsen de la Universidad de Washington, que estudia las bases genéticas de la evolución de las plantas, y la arqueóloga Fiona Marshall, cuya investigación se centra en la domesticación de los animales en África, mantienen una charla interdisciplinar. Créditos: SID HASTINGS/WUSTL PHOTOS

 

La investigación reciente sugiere que sabemos menos de lo que creemos. Por ejemplo, ¿por qué los humanos domesticaron solamente alrededor de una docena de las aproximadamente 200,000 especies de plantas silvestres con flor? Y ¿por qué se han domesticado solamente unas 5 de las 148 especies de grandes mamíferos salvajes, incluyendo herbívoros y omnívoros? Y ya que estamos, ¿por qué no se han domesticado más especies de plantas o animales en épocas modernas?

 

Ante la ausencia de otra explicación, este pequeño porcentaje de especies domesticadas sugiere que hay limitaciones a la acción humana, y que, casi con total seguridad, no es verdad que las personas puedan entrometerse y remodelar por completo mediante la selección artificial un organismo formado durante miles de años por la selección natural.

 

El pequeño número de especies domesticadas es solo una de las múltiples cuestiones planteadas en la edición especial de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), publicada online el 21 de abril de este año.

 

La edición es el fruto del encuentro en 2011 de un grupo de investigadores interesados en la domesticación en el Centro Nacional de Síntesis Evolutiva, un centro científico sin ánimo de lucro dirigido conjuntamente por la Universidad de Duke, la Universidad del Norte de Carolina en Chapel Hill y la Universidad del Estado de Carolina del Norte.

 

De los 25 expertos presentes en la conferencia, dos eran de la Universidad de Washington en St. Louis: la doctora Fiona Marshall de la facultad de Artes & Ciencias, profesora de arqueología, que estudia la domesticación animal, y el doctor Kenneth Olsen, profesor asociado de biología, que estudia la domesticación de las plantas.

 

Tanto Marshall como Olsen se dedican actualmente a la investigación sobre los márgenes, en pleno derrumbe, del proceso de domesticación, investigación en la que las preguntas sobre este proceso evolutivo ocupan el lugar preponderante.

 

Marshall estudia dos especies cuya domesticación presenta un famoso carácter ambivalente: los burros y los gatos. Olsen estudia el arroz y la yuca, y está interesado en las plantas miméticas del arroz, malas hierbas que se parecen tanto al arroz que pasan desapercibidas incluso cuando la maleza de los arrozales se elimina a mano.

 

Tanto Marshall como Olsen contribuyeron con sus artículos a la edición especial de PNAS (véase The story of animal domestication retold y Genetic study tackles mystery of slow plant domestications) y ayudaron a escribir el ensayo introductorio que plantea las grandes cuestiones a las que se enfrenta la especialidad.

 

“Este congreso fue especialmente divertido”, dice Olsen, “porque reunió a personas que trabajan sobre plantas y animales, y también a arqueólogos y genetistas. Realmente no había pensado mucho en la domesticación animal porque yo trabajo principalmente con plantas, así que fue interesante ver el mismo problema desde una perspectiva muy diferente.”

 

¿Cuánto se debe a nosotros?

Muchas de nuestras ideas sobre la domesticación se derivan de la experiencia moderna con la cría de animales. Cualquiera que esté familiarizado con la enorme variedad de razas de perro, que pertenecen todas a la misma subespecie del lobo gris, es capaz de apreciar el poder de la cría selectiva para alterar la apariencia y el comportamiento.

 

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Quizás el experimento más famoso de la domesticación es un proyecto realizado en Rusia que transformó a los mutantes plateados del zorro rojo salvaje en zorros plateados dóciles y similares a los perros en solo 40 generaciones. Pero los zorros plateados salvajes se guardaban en jaulas en una granja de zorros en la que se les cobijó y alimentó, y se impidieron las relaciones prohibidas con los otros zorros salvajes. ¿Hasta qué punto fue este experimento representativo de lo que sucedió en la domesticación prehistórica?. Créditos: BRIAN HARE/DUKE UNIVERSITY

 

Pero, ¿qué pasa con la auto-fertilización o con las plantas polinizadas por el viento, o para el caso que nos interesa, con los animales domesticados cruzados accidental o deliberadamente con parientes salvajes?

 

La evidencia reciente de que los cultivos de cereales como el trigo o la cebada desarrollaron sus rasgos de domesticación mucho más lentamente de lo que habíamos pensado ha llevado a un renovado interés por la idea de que la selección durante la domesticación podría haber sido en parte accidental.

 

El propio Charles Darwin estableció una distinción entre la selección consciente, en la que los humanos seleccionan directamente las características deseadas, y la selección inconsciente, en la que las características evolucionan como subproductos de la selección natural en los campos de cultivo o a partir de la selección sobre otras características.

 

“El gran objetivo en estos momentos es determinar en qué medida los cambios involuntarios que causaban los seres humanos en el medio ambiente provocaron que la selección natural alterase tanto las plantas como los animales,” dice Marshall.

 

“Solíamos pensar que los gatos y los perros eran auténticos casos atípicos en el proceso de domesticación de los animales porque se sintieron atraídos a los asentamientos humanos por la comida y, en algún sentido, se domesticaron ellos mismos. Pero nuevas investigaciones muestran que otros animales domésticos podrían estar en un caso más parecido al de los gatos y los perros de lo que suponíamos.

 

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¿Por qué nunca se domesticó a las cebras? En el siglo XIX, el barón de Rothschild conducía a menudo por las calles de Londres un carruaje tirado por cebras. En “Guns, Germs and Steel”, Jared Diamond dice que la razón por la que las cebras no fueron domesticadas es que son extraordinariamente feroces y no sueltan su presa una vez que la muerden. Pero, ¿por qué las personas no pudieron modificar este temperamento y sí pudieron convertir a los lobos más dóciles en perros?. CC

 

“Una vez que los animales como los burros o el ganado fueron capturados,” dice Marshall, “los cambios que los seres humanos trataban de hacer eran bastante escasos. Realmente solo se reducían a sacrificar a algunos de los machos y criar a todas las hembras.”

 

Incluso hoy en día, señala, los pastores africanos solo pueden permitirse matar 4 de cada 100 vacas, o corren el riesgo de que la sequía y la enfermedad acaben con toda la manada. “De manera que creo que, fuera de las sociedades industrializadas o de situaciones especiales, la selección artificial ha sido muy débil,” dice Marshall.

 

“En el caso de los burros y otros animales de transporte, no es el comportamiento manso lo que quieren los pastores,” dice Marshall. “Lo que les preocupa por encima de cualquier cosa es que sus animales puedan sobrevivir.”

 

De manera que la selección artificial actúa en la misma dirección que la selección natural, o quizá empuja aún más fuerte, porque los seres humanos a menudo colocan a los animales en condiciones más duras que las naturales.

 

“La idea comparable para las plantas,” dice Olsen, “es la hipótesis de la pila de vertidos, originalmente propuesta por Edgar Anderson, un profesor de botánica aquí, en la Universidad de Washington. La idea es que cuando la gente tiraba los residuos de los alimentos vegetales, incluyendo las semillas, algunas crecían y de nuevo producían semillas, y de esta manera la gente inadvertidamente seleccionaba las especies que comía, especies que se vieron favorecidas en el medio alterado y rico en nutrientes de la acumulación de vertidos.”

 

“Las prácticas de cultivo juegan un gran papel en la selección,” dice Olsen. “Tradicionalmente en el sureste asiático, se cultivaron simultáneamente muchas variedades diferentes de arroz en un campo determinado. Era una estrategia de toma de precauciones,” dice, “que aseguraba que algunas plantas sobrevivirían y producirían semillas incluso en una temporada mala.” Así que no se trataba tanto de que la gente seleccionara directamente las plantas cultivadas como de que la gente cambiara el paisaje de maneras que alteraban la presión de la selección sobre las plantas.

 

La mejor forma de viajar en el tiempo

Las preguntas acerca de los hechos originarios de la domesticación son difíciles de responder porque las plantas y los animales fueron domesticados antes de que los humanos inventaran la escritura y, por tanto, averiguar qué ocurrió ha consistido más bien en intentar imaginar lo que ocurrió con la escasa evidencia que ha sobrevivido.

 

El  problema es particularmente difícil en el caso de la domesticación animal porque lo que más importa es el comportamiento animal, algo que deja pocas huellas. En el pasado, los científicos intentaron medir los huesos o examinar los dientes, buscando la edad o diferencias de tamaño o patologías que podrían estar relacionadas de modo verosímil con los animales que vivían con las personas.

 

“A veces los cambios morfológicos no son fáciles de encontrar o son demasiado tardíos como para decirnos algo,” dice Marshall. “Nos hemos alejado de los identificadores morfológicos de la domesticación, y ahora estamos con el comportamiento; sin embargo, podemos conseguirlo. Si nos encontramos con concentraciones de estiércol, eso significa que los animales estaban en corrales,” dice.

 

Olsen, por el contrario, trata de identificar genes en especies modernas de cultivos que estén asociados con características de la domesticación de la planta. Las técnicas usadas para aislar esos genes son difíciles y requieren mucho tiempo, y no siempre penetran tan profundamente en el pasado como los científicos habían asumido porque las plantas actuales son solo un subconjunto de las variedades de cultivo que podrían haber existido alguna vez.

 

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Los uros, los antepasados de los bovinos modernos, representados en esta pintura de la cueva de Lascaux, Francia, están ahora extinguidos. El último uro registrado murió en Polonia en 1627. A Marshall le preocupa que la erosión de la diversidad genética simbolizada por esta extinción pueda hacer más difícil remodelar las especies domesticadas para afrontar los desafíos del cambio climático. Créditos: PROF. SAXX/WIKIMEDIA COMMONS

 

Así que tanto Marshall como Olsen están entusiasmados con los recientes éxitos en la secuenciación del ADN antiguo. El ADN antiguo, dicen, permitirá poner a prueba las hipótesis sobre la domesticación a lo largo de todo el periodo evolutivo de la misma.

 

Otra pista apreciada desde hace poco respecto a la domesticación de las plantas es la presencia de suelos enriquecidos, creados a través de las actividades humanas. Un ejemplo es la terra preta en la cuenca amazónica, que es testigo silencioso de la presencia de una sociedad agrícola pre-colombina en lo que se pensaba que era selva virgen.

 

Representando en el mapa las distribuciones de los suelos enriquecidos, los científicos esperan comprender mejor cómo la gente alteraba los paisajes en la antigüedad y los efectos que esto tenía en las comunidades de plantas.

 

“Está muy claro,” dice Marshall, “que necesitamos todos los enfoques diferentes que podamos obtener para cuadrarlo todo. Estamos usando todas las aproximaciones posibles, con enfoques más amplios y enfoques más restringidos, a largo y a corto plazo, porque las implicaciones prácticas para nosotros son muy grandes.”

 

Después de todo, las primeras domesticaciones se pudieron provocar por el cambio climático al final de la última edad de hielo -junto con factores sociales.

 

Como resultado, la gente abandonó el estilo de vida de los cazadores-recolectores que había seguido con éxito durante el 95 por cien de la historia de la humanidad y se pasó a las nuevas estrategias de la agricultura y el pastoreo.

 

Mientras nos acercamos a una nueva era de cambio climático, Marshall dice que sería reconfortante saber que comprendimos qué ocurrió entonces y por qué.


“El punto de vista moderno sobre la domesticación” (“The Modern View of Domestication”), una edición especial de PNAS, editada por Greger Larson y Dolores R. Piperno, ha sido el resultado de un encuentro titulado “La domesticación como un fenómeno evolutivo: expandiendo la teoría sintética” (“Domestication as an Evolutionary Phenomenon: Expanding the Synthesis”), que tuvo lugar los días 7-11 de abril de 2011, y que fue alojado y financiado por el Centro Nacional de Síntesis Evolutiva (National Evolutionary Synthesis Centre; National Science Foundation EF-0905606).

Artículo original publicado por Diana Lutz en Washington University in St.Louis

Traductor

Doctora en Filosofía analítica por la Universitat de Barcelona. Hay que estar al tanto de lo que dice la ciencia en la época en que vivimos.

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