scientists2

“Muchos científicos creen” es una expresión que plantea tres inconvenientes fundamentales.

Esta frase hecha, y otras similares (como “algunos científicos creen”) no es ya tan común como solía ser en los libros de texto de los colegios, pero sí persisten variantes similares. Supone una triple amenaza a la educación en ciencia. Primero, “muchos”: la ciencia no está sometida a voto, de modo que no importa cuántos científicos acepten una idea. Se trata de la calidad de las pruebas que la apoyen. Segundo, “científicos”: en cierto modo, desde luego, son los científicos los que trabajan en esto, no los lecheros o los corredores de bolsa. Y se entiende que los científicos están mejor entrenados que estos últimos para analizar las pruebas científicas. De nuevo, lo importante es la calidad de estas pruebas. Aún así, la ciencia es un asunto heterogéneo: Probablemente un físico sabrá poco de los problemas de la paleontología, y esto es aplicable de manera recíproca a los paleontólogos con la teoría de cuerdas.

 

muchos_cientificos_creen

La expresión “muchos científicos creen”, una muletilla clásica en los libros de texto, es ciertamente engañosa por al menos tres razones, y debería ser desterrada de la literatura científica.

 

Tercero, “creen”: decir que los científicos “creen” sus resultados sugiere, falsamente, que esa aceptación no está basada en evidencias, sino que se basa de algún modo en la fe. Una vez más, la cuestión es la calidad de esas pruebas: los científicos aceptan que los resultados son la mejor explicación que tenemos de momento para un problema, y reconocen que sus hallazgos son objeto de constante re-evaluación a medida que se descubren nuevas pruebas. Esto es un problema porque, a menudo, ¡son los propios científicos quienes utilizan la palabra “creer” al hablar de sus resultados! Y lo hacen simplemente por un discurso chapucero: no dirían que sus conclusiones son una cuestión de fe sino de los resultados obtenidos.

 

En lugar de decir “muchos científicos creen” o “algunos científicos creen”, es más efectivo hablar de las pruebas. ¿Cuáles (si es que hay alguna) apoyan una determinada hipótesis, y cuáles (de nuevo, si las hay) parecen contradecirla? Y dos cosas más: primero, hay que analizar qué más necesitamos saber antes de seguir avanzando en la pregunta planteada; y segundo, tener claro cómo sabríamos que una hipótesis es falsa. Esto, mejor que cualquier otra cosa, enseñaría a los estudiantes en qué consiste verdaderamente la ciencia. Es más costoso para el autor, pero merece la pena para fomentar el interés del alumno y su comprensión. (Una referencia indispensable para explicar cómo funciona realmente la ciencia está disponible en: http://undsci.berkeley.edu/article/howscienceworks_01)

 

Por ejemplo, a muchos libros y la inmensa mayoría de los periodistas les gusta repetir que un asteroide impactó contra la Tierra hace unos 65 millones de años acabando con los dinosaurios y muchos otros organismos. Es una idea compleja, y puede que algunas partes sean ciertas o erróneas sin invalidar el concepto general de que el impacto de un gran asteroide pudo haber provocado un importante desastre ambiental. Científicos de muchas disciplinas han trabajado en este problema durante décadas. Ninguno tiene todas las piezas del puzzle, y la formación de cada uno influye en lo que piensan que es importante e incluso sobre lo que entienden. Y sin embargo, nada de ello es cuestión de creencias o fe.

 

Se puede decir que mucha gente acepta o piensa que un asteroide mató a los dinosaurios, y esto incluye a muchos científicos. Pero la mayoría de los que estudian los dinosaurios de ese período de tiempo no están de acuerdo en que un asteroide acabase con ellos. Esto en sí mismo debería ser importante, pero más importantes aún son las pruebas: al trazar varios linajes de vertebrados en el límite entre Cretácico y Ternario, resulta que algunos linajes de mamíferos se vieron afectados y otros no, la mayoría de vertebrados (como los cocodrilos, lagartos y anfibios) no se vieron afectados severamente, y todos los tipos de dinosaurios salvo tres habían desaparecido durante los seis millones de años anteriores – presuntamente no anticipándose a la gran colisión. De modo que son las evidencias lo que los científicos tienen en cuenta… o deberían tener. Y esto se aplica también a quienes informan de estos temas.

 

Referencia:

Padian, K. (2013) Correcting some common misrepresentations of evolution in textbooks and the media. Evolution: Education and Outreach 6:11 (publicado online June 25, 2013) [doi: 10.1186/1936-6434-6-11]

[Imagen: Flickr mars_discovery_district]

Traductor

Polvo de estrellas. Homo sapiens. Apasionado de la Ciencia. Estudiante de Bioquímica. Escéptico. Montañero cuando puedo. Devoralibros. A veces duermo.