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Entre bacterias, virus, ácaros y hongos, nuestros cuerpos están literalmente abarrotados de vida. Y puede que mucho más de lo que puedas imaginar. Pero, ¿son invitados gamberros? ¿Deberíamos echarlos para limpiar la casa? ¿O les acogemos con los brazos abiertos y les suplicamos que no se vayan? Desde la asistencia que prestan a tu sistema inmune hasta la práctica de sexo en tu cara (¡¿cómo?! ¡¿qué?!), este artículo va a relatar a qué se dedican los organismos que campan a sus anchas por nuestros cuerpos.

 

El microbioma humano

Empecemos con los microbios. A esta categoría pertenecen los organismos microscópicos como las bacterias, arqueobacterias, protozoos y hongos, y al conjunto de estos microorganismos que residen en el interior o exterior de tu cuerpo se le conoce como microbioma humano. Esta colonización de microbios empieza durante el parto y al poco de nacer. Tu cuerpo se compone de unos 10 billones de células humanas, pero el número de bacterias en nuestro cuerpo lo supera como mínimo en diez veces. De hecho, los microbios constituyen entre el 1 y el 3% de tu masa corporal. Estos microbios colonizan muchas áreas distintas del cuerpo, entre ellas tu piel, intestinos, boca, ojos y genitales.

 

Lo que acecha en tus intestinos

Puedes encontrar de 500 a 1000 especies diferentes de bacterias únicamente en tus intestinos, y de hecho estas constituyen el 60% de la materia seca de tus heces- ¡rico, rico! Entre las especies de bacterias más comunes podemos encontrar E. coli, B. bifidum y E. faecalis. Estas bacterias son mucho más que simples okupas; hemos desarrollado una relación simbiótica con ellas. Nosotros les proporcionamos un hogar agradable en el que vivir y reproducirse, mientras que ellas nos proveen con una gran cantidad de beneficios. Por ejemplo, nos ayudan con la descomposición de la comida y evitan que nos colonicen especies dañinas para nuestra salud. También intervienen en la producción de hormonas y vitaminas, en concreto de las vitaminas B y K. Últimamente están aumentando las evidencias que indican que las bacterias presentes en nuestros intestinos juegan un papel fundamental en la modulación y entrenamiento del sistema inmune para que este pueda reconocer a amigos y enemigos.

 


Imagen tomada con un microscopio electrónico de barrido de una bacteria E. faecalis del colon humano.

 

Pero estas bacterias, ¿únicamente nos aportan beneficios? Pues no. Cada vez hay más evidencias que sugieren que ciertos tipos de bacterias que habitan en los intestinos están relacionadas con la obesidad. Estos microbios se encuentran con más frecuencia en habitantes de zonas frías del hemisferio norte que en las zonas más cálidas del sur. Parece que algunos tipos de bacterias que se encuentran en personas más delgadas son más eficientes al descomponer algunos tipos de alimentos.

 

Piel con manchas y sobacos malolientes

Tu piel también está llena de microbios, especialmente tus manos – resulta sorprendente lo que se puede cultivar en una placa de Petri simplemente poniendo un dedo en ella. Las bacterias que se encuentran en la piel pueden estar asociadas a las glándulas sebáceas, siendo responsables del desarrollo del acné. El sudor que excretas no tiene ningún olor originalmente, pero son las bacterias de la piel las que le dan ese hedor particular. Resulta curioso saber que ese olor corporal único está relacionado con la presencia de microbios específicos, ya que estos descomponen compuestos no volátiles transformándolos en compuestos volátiles con aromas específicos. De hecho, se ha descubierto que las axilas huelen peor a medida que aumenta la densidad de un grupo de bacterias denominado corineformes.

 


Mapa de los microbios de la piel.

 

Recientemente se investigaron las especies de bacterias que viven en nuestros ombligos, y se descubrió que su número era mucho mayor de lo que habían predicho los científicos. Para ello, sacaron muestras de 60 ombligos y se encontraron con la friolera de 2,368 tipos distintos de bacterias, que probablemente se corresponderán con un número aún mayor de especies. De estas bacterias, unas 1,458 eran nuevas para la ciencia. Como dato curioso, uno de los voluntarios llevaba en su ombligo una especie de bacteria que solamente se puede encontrar en el suelo japonés, ¡pero él nunca había estado en Japón! En otro de los voluntarios (que admitió no lavarse demasiado) se encontró una bacteria extremófila (que vive en ambientes con valores extremos de temperatura, pH, etc) que se suele encontrar en fuentes hidrotermales y glaciares. Sea curioso o desagradable, lo cierto es que los ombligos se están convirtiendo en una jungla microscópica, lo cual está despertando el interés de los microbiólogos. ¡Imagínate lo que podría encontrarse en tu ombligo! O no…

 

La mayoría de las bacterias que vive en nuestro cuerpo no nos causa daño alguno, por lo que se les conoce como comensales. Pero pueden convertirse en patógenos cuando se da la ocasión, por ejemplo si el sistema inmune está bajo de defensas o si las barreras naturales se ven comprometidas, como la barrera hematoencefálica. Y entonces es cuando pueden dar problemas

 

¿Organismos que pueden cambiar tu comportamiento?

Bueno, ya sabemos que los organismos que viven en tu interior pueden afectar a tu salud, tanto para bien como para mal. Pero, ¿y tu personalidad? A este respecto, existe bastante investigación sobre un protozoo denominado Toxoplasma gondii que se encuentra en el 22-84% de la población humana (dependiendo del país). El efecto más sorprendente de la toxoplasmosis es el aparente “síndrome de atracción fatal” que sufren los roedores infectados. T. gondii solamente puede multiplicarse de forma eficiente en los gatos, pero puede infectar tanto a humanos como a roedores. Sorprendentemente, este organismo ha encontrado un modo de alterar la señales del cerebro de los roedores para que los gatos puedan atraparlos (y comerlos) con más facilidad. Los estudios con roedores infectados han demostrado que estos presentan tiempos de reacción menores y no tienen miedo de la orina de gato, al contrario de los roedores no infectados que presentan este miedo de forma innata.

 

Pero puede que lo más interesante sea lo que se ha descubierto en humanos: las personas con toxoplasmosis reaccionan más lentamente y además ¡les gusta el olor de orina de gato! Pero no les gustan otros tipos de orina (de hecho, se probaron unos cuantos), solamente orina de gato, mientras que a las personas sanas no les gusta este olor. ¿Está este organismo intentado cambiar el comportamiento humano para que sea más fácil ser comido por gatos? Pero la cosa sigue; estudiaron a personas que estuvieron implicadas en accidentes de tráfico en Praga. Y observaron que estas personas, fueran peatones o conductores, tenían más probabilidades de ser infectadas comparadas con personas de la zona no implicadas en accidentes. Esto sugirió que los afectados eran personas más despistadas. Como era de esperar estos resultados han sido recibidos con mucho escepticismo, ya que no se han descartado otros factores de confusión. Por ejemplo, podría ocurrir que, en lugar de que la toxoplasmosis afecte a la personalidad, haya personas con una personalidad concreta más susceptibles a la toxoplasmosis.

 

 

Tu cara es un caldo de cultivo

Sigamos. ¿Qué otros organismos extraños viven en tu cuerpo? Junto con los microbios ya descritos hay algunos bichos muy interesantes. Los ácaros, o más concretamente Demodex, viven en lugares como los folículos de tus pestañas o cejas. Estos son los ectoparásitos (parásitos que viven en la superficie del huésped) más comunes de la piel humana. Normalmente estos bichos no te darán problemas, aunque en algunos casos son responsables de enfermedades de la piel. Salen de sus folículos por las noches para buscar otros sujetos con los que aparearse en el exterior del folículo. Una vez terminado el trabajo sucio, vuelven al interior del folículo a poner sus huevos. Tú les proporcionas a los ácaros una cama confortable y, ¿qué hacen ellos? Practicar sexo delante de tus ojos. Son peor que adolescentes. O incluso más desagradables, porque el Demodex carece de ano, lo cual significa que no tiene por dónde deshacerse de sus heces, así que cuando muere esparce éstas por tus poros. Algunos científicos creen que esto desencadena una reacción inmune que podría ser la responsable de la enfermedad de la piel conocida como rosácea.

 

A comer gusanos

Aunque no todos tenemos gusanos, son sorprendentemente comunes entre los humanos. Básicamente, hay tres tipos de gusanos que pueden vivir en nuestros cuerpos; gusanos planos como la tenia, tremátodos como los esquistosomas, y nemátodos como lombrices intestinales, oxiuros o ancilostomas.

El mayor de los parásitos intestinales encontrado en humanos es el nemátodo Ascaris lumbricoides, que puede alcanzar la friolera de 35 centímetros. Tras ingerir los huevos, estos se incuban y ocultan en la pared intestinal, entrando en el flujo sanguíneo. Desde aquí, viajan hasta los pulmones donde se expelen con la tos y se vuelven a tragar de nuevo, volviendo de nuevo a los intestinos.

 


Ascaris lumbricoides.

 

Las tenias se transmiten a través de la comida infectada, y una vez que se encuentran en el interior del cuerpo se enganchan a los intestinos mediante unos ganchos que se encuentran en su cabeza. ¡Y aquí puede sobrevivir hasta 25 años! Si tienes la mala suerte de infectarte con un ancilostoma (Necator americanus), estos parásitos intestinales se beben tu sangre y dan lugar a un tipo de anemia.

Y por último mi favorito, el oxiuro. Estos pequeñines solamente miden unos pocos milímetros, y también viven en los intestinos humanos. Se aparean mediante una inseminación traumática — el macho clava su pene a la hembra, y después muere. Al menos muere feliz…

 

¡No nos olvidemos de los virus!

Te sorprendería saber la cantidad de virus que conviven con nosotros dentro de nuestro cuerpo. Actualmente se conoce que de la misma forma que convivimos con una determinada flora bacteriana (microbioma) también lo hacemos con una variada “flora” viral, conocida como viroma. De hecho, se ha sugerido que los viromas humanos puede que sean más diversos que los microbiomas, y que también cambien entre distintos individuos. En un estudio realizado con gemelos y sus madres, se encontraron entre 52 y 2773 virus distintos. También tenemos una enorme cantidad de virus que infectan bacterias – los denominados bacteriófagos. Por cada bacteria que hay en tu cuerpo, se estima que hay ni más ni menos que 100 bacteriófagos. En nuestras heces podemos encontrar unos 10 mil millones en cada gramo. ¡Guau!

 

 

Así como se ha sugerido que la flora bacteriana puede contribuir a la obesidad, se empieza a creer, basándose en recientes investigaciones polémicas, que la población viral de los intestinos puede también tener parte de responsabilidad en este problema. Algunos científicos han estado investigando un tipo particular de adenovirus, y han encontrado una cierta correlación entre infección y obesidad. Esta idea surgió de observaciones en modelos animales en los que se comprobó que la población de este virus aumentaba enormemente la cantidad de grasa corporal. Aunque a muchos investigadores no les convence esta teoría, sí que hay algunos que comienzan a tomársela en serio. La idea de que la obesidad pudiera considerarse una enfermedad infecciosa, transmisible mediante la tos o un estornudo, ha  generado mucho escepticismo.

 

Al igual que las bacterias, los virus pueden habitar en nuestro cuerpo pasando desapercibidos, pero pueden dar problemas si el individuo tiene las defensas bajas.

 

Podría seguir, pero es que hay demasiadas seres vivos en tu interior como para hablar de todos ellos. Estás literalmente abarrotado de vida, pero estos organismos juegan un papel muy importante en tu vida, y la mayoría son benefactores pacíficos que ni siquiera nos imaginábamos. Puedes estarles agradecidos por haberte ayudado a ser quien eres.

 
Artículo original publicado por Justine Alford en IFLScience

Traductor

Licenciado y doctorado en Químicas (especialidad Química Cuántica). Actualmente profesor de Informática de la Universitat Jaume I y (cuando puedo, que últimamente no es mucho) investigando en Bioinformática. Mis (otras) pasiones: las series de TV y el baile deportivo.

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