pulga-large

¿Cuál es, exactamente, el lugar idóneo para que la pulga de la arena tenga sexo? ¿En el suelo polvoriento, donde pasa la primera mitad de su vida? ¿O mejor cuando ya ha hecho un cómodo nidito en su hospedador (un pie humano, por ejemplo) donde tiene un buffet libre de sangre que necesita para nutrir sus huevos?

 

La respuesta a esta pregunta, que ha intrigado durante años a entomólogos y expertos en salud de zonas tropicales parece ser esta última. Un nuevo estudio, en el cual una investigadora ha dejado a una pulga de la arena crecer dentro de su piel, concluye que los parásitos copulan más probablemente cuando las hembras se encuentran dentro de sus hospedadores.

 

La Tunga penetrans, también conocida como nigua, pulga de la arena, chigoe, pique o bicho de pé, está muy extendida en el Caribe, Sudamérica y el África subsahariana. La hembra inmadura se introduce permanentemente en la piel de un hospedador de sangre caliente (además de a humanos ataca a perros, ratas, ganado y otros mamíferos) donde en unas dos semanas se hincha hasta doblar varias veces su tamaño y alcanzar un diámetro de hasta 1 cm. El insecto respira, defeca y expulsa sus huevos a través de una pequeña abertura al final de su cono abdominal. La hembra usualmente muere tras 4 a 6 semanas, aún incrustada en la piel.

 

pulga

Fetichista del pie. La pulga de la arena Tunga penetrans en un escaneado de miscroscopía electrónica varios días después de haber penetrado la piel. La abertura abdominal protruye a la derecha. Eye of Science/Science Source.

 

Originarias del Caribe, las pulgas de la arena infectaron a los tripulantes que navegaron con Colón en la Santa María cuando naufragaron en Haití. Ellos y otros trajeron el parásito al Viejo Continente, donde acabó por volverse un parásito endémico a lo largo del África Subsahariana. Incluso hoy en día la pulga viaja como polizón y aparece en clínicas europeas y norteamericanas en los pies de los turistas que han caminado descalzos en playas tropicales.

 

Para la gente que vive en las zonas infestadas, no obstante, la pulga supone un serio problema de salud pública. Lo que empieza como una mancha blanca en la piel, se vuelve una mancha roja y, más tarde, negra, dolorosa, que causa picazón y a menudo se infecta. Es lo que se conoce como tungiasis. Una pulga parece atraer a otras, y una misma persona puede llegar a ser atacada por docenas de pulgas al mismo tiempo. La infección hace que caminar sea difícil y puede acabar causando deformaciones permanentes en los pies. No hay ningún medicamento y la única forma de librarse de los parásitos es extraerlos de la piel. La gente a menudo usa instrumentos no estériles que terminan causando otras infecciones, como el tétanos. “La tungiasis afecta a los más pobres entre los pobres” –dice Jörg Heukelbach, que estudia la enfermedad en la Universidad Federal de Ceará en Fortaleza, Brasil– “es desatendida, y frecuentemente no se diagnostica bien, incluso por  los médicos de las zonas endémicas.”

 

Marlene Thielecke, una estudiante de doctorado de la Universidad Charité de Medicina en Berlín, estaba estudiando formas de prevenir la infección por tungiasis en Madagascar cuando se percató de que estaba “acogiendo” a una pulga en su propio pie. Como parte de su trabajo era evaluar y registrar los estados del desarrollo de la pulga de la arena en los pies de los nativos, pensó que sería interesante observarla en su propio pie. Así que empezó a hacer fotos y vídeos del parásito periódicamente para seguir el proceso de lo que ocurría.

 

Al principio, la pulga no le molestaba y apuntó que parecía estar desarrollándose de forma normal. Pero pronto se dio cuenta de que la pulga no estaba poniendo huevos -algo inusual para una pulga incrustada en la piel, y, que por todo lo demás, aparentemente estaba en su madurez. También vivió mucho más de lo habitual: después de dos meses, la pulga todavía segregaba líquido de su abdomen, signo de que aún estaba viva. Pero no había rastro de los huevos. En este punto, dice Thielecke, el sitio de inserción, picaba, dolía y le impedía andar con normalidad. “Empezaba a sentirme incómoda sobre dejarla tanto tiempo ahí”  dice, así que la extrajo.

 

Meses más tarde, de vuelta en Berlín, habló de sus observaciones con su supervisor en la Universidad Charité, el experto en tungiasis Hermann Feldmeier. La falta de huevos y la inusualmente larga vida de la pulga de Thielecke eran debidas probablemente a que la pulga no había sido fecundada. Esto concluyen los autores en un artículo publicado recientemente en la revista Travel Medicine and Infectious Disease. Thielecke comenzó a llevar calcetines y zapatos cerrados tan pronto como encontró la pulga para evitar que otras pulgas entraran; “una era suficiente” dice. Ella y Feldmeier piensan que tal vez la pulga viviera tanto tiempo porque estaba en una especie de “estado de espera” del desarrollo, similar a un estado de soltería, esperando a que la encontrara un macho y fecundara sus huevos maduros.

 

El hecho de que la pulga de Marlene fuera aparentemente virgen sugiere la respuesta a la pregunta que tanto tiempo llevan haciéndose los científicos sobre si la fecundación de las pulgas ocurre antes o después de alojarse en la piel del hospedador. Hace más de un siglo, algunos investigadores publicaron que habían observado a pulgas machos apareándose con hembras no incrustadas en la piel. Otros habían afirmado que es más probable que las hembras primero se alojen en la piel y luego sean fecundadas por los machos que encuentran a un animal infectado, y se aparean través de su abertura en el abdomen. (Los machos nunca se incrustan en la piel). Esto tendría más sentido evolutivo, dice Feldmier. Dado que las hembras tienden a insertarse en un mismo hospedador en grupos, cualquier macho que llegue va a tener la oportunidad de copular con un gran número de hembras; y un grupo de hembras tendrá una mayor probabilidad de ser localizado por un macho que una hembra que se haya hospedado sola.

 

Estos conocimientos de la vida sexual de la pulga no tienen implicaciones inmediatas para luchar contra la tungiasis en las áreas donde es endémica. Pero podría ayudar a los médicos a identificar al parásito en los pies de los viajeros que vuelven a casa con una pulga. Los médicos deberían ser conscientes de que las pulgas vírgenes no tienen por qué desarrollarse normalmente, y pueden vivir más de lo que predicen los libros de texto, dice Feldmeier.

 

Y aunque una única observación no prueba de que las hembras sean siempre fertilizadas después de la inserción en la piel, “es muy interesante” dice Ingela Krantz, profesora emérita de enfermedades infecciosas y epidemiología en la Universidad de Umeå, en Suecia. “Este es el tipo de conocimento que te saltas”, porque dices “Pulgas de la arena, son una molestia, que se trata”. “Pero empezar desde el principio y tratar de comprender a estos extraños parásitos es importante.”

 

Artículo original publicado por Gretchen Vogel en Sciencemag

Traductor

Web: Gomobel
Licenciado en Química por la Universidad de Zaragoza. Erasmus en la Universidad Pierre y Marie Curie de París. Actualmente realizo mi tesis doctoral sobre Química Bioorgánica en el Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea (UZ-CSIC). Divulgo todo lo que puedo porque me encanta, podéis leerme en @electrones, @isqch_divulga y escucharme en @elnanoscopio y @sciencebitches.

Divúlgame.NET


Warning: array_slice() expects parameter 1 to be array, null given in /srv/users/serverpilot/apps/wpsite/public/wp-content/themes/journal/singleDefault.php on line 241