lombriz

Las lombrices han sido durante mucho tiempo las amigas del jardinero ecológico. Airean el suelo mientras excavan la tierra y liberan nutrientes a medida que la tierra pasa a través de sus aparatos digestivos. En sus cuerpos tubulares y segmentados, los nutrientes se transforman en una forma que las plantas pueden consumir. Su influencia en el medio ambiente ha interesado a los científicos desde Charles Darwin.

 

Así que cayó como un mazazo a principios de este año cuando unos investigadores informaron en Nature Climate Change de que las lombrices contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero. Afirman que, mientras las lombrices se dedican a su trabajo de transformar el suelo, liberan dióxido de carbono que estaba atrapado en el suelo. En total, los investigadores determinaron que las excavaciones de las lombrices causan un incremento del 33 por ciento en las emisiones de dióxido de carbono, y un incremento de un 42 por ciento en las emisiones de otro gas de efecto invernadero, el óxido nitroso.

 

Jan Willem van Groenigen de la Universidad de Wageningen, en Holanda, y principal autor del artículo de Nature Climate Change, no aboga por exterminar las lombrices. “No se puede decir que las lombrices sean buenas o malas. Son casi indispensables para los sistemas de cultivo, pero también tienen el efecto colateral de incrementar las emisiones de gases de efecto invernadero.”

 

Pero investigadores de una colaboración internacional entre la Academia China de Ciencias, la Universidad de Georgia, el Instituto Nanchang de Tecnología, la Universidad de Vermont y la Academia Guangdong de Ciencias han llegado a otra conclusión. Sus resultados, publicados en

Nature Communications, sugieren que las lombrices en realidad atrapan dióxido de carbono del suelo, con una disminución total de las emisiones.

 

Cuando la tierra está cultivada o quemada, libera dióxido de carbono. Pero en un proceso llamado estabilización, las lombrices convierten el carbono digerible en una forma que permanece en la tierra. “Lo están estabilizando a través de su materia fecal. Este tipo de carbono es más resistente a la descomposición”, ha dicho Deborah Neher de la Universidad de Vermont, en Burlington.

 

Las lombrices ingieren la materia orgánica, o detritus, que se extiende encima del suelo. El detritus es molido en sus mollejas, se descompone y se digiere por sus bacterias intestinales, y se vuelve a excretar al suelo. La tierra digerida por las lombrices es mucho más rica en nitrógeno, potasio y fosfatos. Sus excrementos también añaden estructura física al suelo que ayuda a contener el carbono, reducen la erosión y lo desmenuzan –el lugar ideal para que crezcan las plantas.

 

Su digestión no es el único proceso que ayuda al suelo. Mientras excavan, crean diminutos canales para el aire y el agua, ambos necesarios para un suelo saludable.

 

El suelo también alberga bacterias y hongos que liberan dióxido de carbono a través de su respiración natural.

 

“Muchos ecólogos microbianos sólo se han fijado en las bacterias y los hongos, y no en su papel [de las lombrices], que los comen”, ha dicho Neher. Los investigadores han descubierto que las lombrices proporcionan control y equilibrio a las emisiones de dióxido de carbono de los microbios del suelo.

 

En la parte norte de los EE.UU., los bosques cuentan con una capa de detritus que regula la temperatura, la humedad y el contenido en nutrientes del suelo. La mayoría de las especies de lombrices de la zona son invasivas. Devoran las capas de detritus mucho antes de que se regeneren los bosques. Como consecuencia, algunas especies de árboles podrían no ser capaces de sobrevivir a un descenso rápido de la capa de detritus. En cierto modo, estas lombrices determinan qué árboles crecerán allí en el futuro.

 

Conociendo los problemas que comportan las lombrices invasivas, los investigadores eligieron estudiar dos especies invasivas, una de Asia y otra de Europa. Midieron la emisión de dióxido de carbono, la mineralización del carbono y la estabilización del carbono de un montón de tierra sólo con microbios y la compararon con un montón de tierra con microbios y lombrices. Descubrieron que la tierra repleta de lombrices no libera más dióxido de carbono que la tierra únicamente con microbios. De hecho, las lombrices excretaron carbono que se quedaba en la tierra en lugar de ser liberado al aire. En esencia, las lombrices crearon una bolsa de carbono.

 

“Estamos perdiendo el detritus de la superficie del suelo, lo que tiene efectos sobre la futura composición del bosque, pero mucha de esa materia orgánica podría estar moviéndose más profundamente en la tierra y conteniendo el carbono allí”, ha dicho Neher. “[El carbono] se está moviendo hacia capas más profundas del suelo.”

 

Muchas de las ideas propuestas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero implican atrapar carbono en el suelo, pero estas pequeñas criaturas se nos han adelantado. Otros estudios nuevos han descubierto que la materia fecal de los milpiés y los ácaros oribátidos también transforma el carbono en su forma más resistente a la descomposición.

 

El segundo estudio fue llevado a cabo durante 54 días -un tiempo demasiado corto para juzgar el efecto total de las lombrices en el medio ambiente. Van Groenigen, y otros investigadores del primer informe, han completado un estudio de 750 días y actualmente están interpretando los resultados. Este investigador enfatiza la importancia de comprender los efectos que las lombrices tienen sobre las plantas. Si crecieran más plantas a causa de la fertilización de las lombrices, esas plantas usarían dióxido de carbono en su ciclo normal de la fotosíntesis y ayudarían a reducir los gases de efecto invernadero en el medio ambiente.

 

Contribuyan o no las lombrices al cambio climático, ambas partes están de acuerdo en que las lombrices tienen beneficios indudables. Como Darwin reflexionó, “Se podría dudar de si hay muchos otros animales que hayan tenido una parte tan importante en la historia del mundo como lo han tenido estas humildes y organizadas criaturas.”

 

Artículo original publicado por Jenna Bilbrey en InsideScience
 

Traductor

Doctora en Filosofía analítica por la Universitat de Barcelona. Hay que estar al tanto de lo que dice la ciencia en la época en que vivimos.

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