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Las personas con sufren de epilepsia tienen que aprender a convivir con la naturaleza impredecible de sus ataques -pero esto podría ser pronto una cosa del pasado. Un nuevo implante cerebral puede advertir de estos ataques epilépticos minutos antes de que empiezen, permitiendo que los afectados puedan alejarse de situaciones que pongan su seguridad en peligro.

 

Los ataques epilépticos son desencadenados por una actividad errática del cerebro. Estos pueden durar desde segundos a varios minutos, y su naturaleza impredecible los hacen peligrosos y perturban la vida de las personas con epilepsia, explica Mark Cook, de la Universidad de Melbourne, en Australia. Como los terremotos, “no puedes pararlos, pero si sabes que uno va a ocurrir, puedes prepararte”, afirma.

 

Con la subvención económica de NeuroVista, una compañía de dispositivos médicos en Seattle, Cook y sus colegas han desarrollado un implante cerebral que hace justo eso. El aparato consiste en un pequeño parche de electrodos que mide la actividad de las ondas cerebrales.

 

Una luz de alerta

Con el tiempo, el software asociado al dispositivo aprende qué patrones de actividad de las ondas cerebrales indican que un ataque va a tener lugar. Cuando detecta dicho patrón, el implante transmite entonces una señal a través de un cable que conecta con un receptor implantado bajo la clavícula. Esta otra unidad alerta al portador de forma inalámbrica al activar un artilugio portable que posee varias luces de colores -una luz roja, por ejemplo, señala que un ataque es inminente.

 

El equipo de Cook ha estado probando el dispositivo con quince personas que sufren de epilepsia durante cuatro meses. En once de ellos el sistema predijo los ataques “de luz roja” -aquellos que pueden ocurrir en un mínimo de 4 minutos- en más del 65% de los casos. En dos de los voluntarios el parche fue capaz de predecir todos los ataques, pero no funcionó igual de bien en los cuatro restantes, dos de los cuales experimentaron efectos secundarios.

 

Aunque el implante solo sería usado en casos severos, un aviso del ataque podría dar a estos individuos la oportunidad de dejar de conducir, alejarse de situaciones sociales incómodas o evitar peligros para su salud, asegura Cook: “Simplemente siendo capaces de predecir podrían mejorar su independencia enormemente”.

 

El dispositivo podría incluso enlazarse a implantes de estimulación profunda cerebral, los cuales generan pequeñas corrientes eléctricas con tal de detener el ataque. Estos implantes se activan automáticamente cuando comienzan los ataques epilépticos; hacerlo un poco antes podría prevenir los ataques de forma más efectiva, explica Cook.

 

Un sistema de aviso temprano de ataques también podría mejorar la efectividad de los medicamentos antiepilépticos como las benzodiazepinas. Estas necesitan de unos quince minutos para actuar y no suelen ser efectivas cuando ha comenzado el ataque, afirma Christian Elger, de la Universidad de Bonn, Alemania, quien no ha participado en la investigación. Si el implante predice correctamente los ataques, podría potenciar el desarrollo y la investigación de este tipo de medicamentos.

 

Monitorizando los ataques

Para algunas personas con epilepsia, el dispositivo puede detectar ataques de los que ellos no son siquiera conscientes. El implante de uno de los voluntarios registró hasta 102 ataques, pero el portador no fue capaz de recordar más de once de los mismos, ya que los propios ataques le provocan una disrupción del centro de memoria del cerebro. Otros estudios señalan que los pacientes reportan tan solo una cuarta parte aproximadamente de los ataques, explica Elger. Una monitorización más precisa podría ayudar a los médicos a saber lo bien que un medicamento está funcionando.

 

Elger tiene grandes expectativas sobre este dispositivo, pero advierte que es demasiado pronto para saber si previene o disminuye el efecto de los ataques y si los pacientes podrán tolerar las falsas alarmas.

 

A su vez, Theoden Netoff, de la Universidad de Minnesota, Minneapolis (Estados Unidos de América), está de acuerdo con que los resultados son prometedores. Dado que las personas en el estudio tenían una epilepsia particularmente difícil de tratar, el dispositivo podría tener mayor efectividad, incluso, en aquellos con formas más suaves de esta enfermedad. “Podría cambiar la vida de los pacientes, incluso si tiene poderes limitados de predicción”, afirma.

 
 
Más información: Referencia publicación – Lancet Neurology, DOI: 10.1016/s1474-4422(13)70075-9

Artículo original publicado por Sara Reardon en New Scientist
Imagen: laprimeraplana.com.mx/

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Biólogo, divulgador, escritor, autodidacta y filántropo. Todo me inquieta y poco me asusta, y como mi sentido del ridículo y la estética es tan peculiar, además de ser un irresponsable social, he decidido aportar mi propia perla científica y literaria al ciberespacio y la literatura.

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