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Una vez fueron ciegos, pero ahora pueden ver. Lo que plantea la pregunta: ¿qué es lo que percibe la gente exactamente cuando ve por primera vez? A menudo, es aterrador.

 

¿Qué le sucede a la gente cuando mira por primera vez el mundo? En general, no lo sabemos; son demasiado jóvenes para decirnos lo que está pasando por sus mentes. Y cuando los niños son lo suficientemente mayores como para explicar lo que ven, ya no recuerdan cómo era el mundo en sus primeras semanas de vida. Sin embargo, hay casos especiales en los que son los adultos los que pueden ver por primera vez. En gran parte, ven una confusión total. Y, a menudo, esto les causa un enorme daño emocional.

 

Uno de los primeros casos documentados de recuperación de visión fue el de un hombre que a la edad de 50 años se operó de cataratas y recuperó la visión. Pero al poco tiempo, deseó no haberlo hecho. Este hecho es común a muchas personas ciegas que han recuperado la visión. A diferencia de los bebés, que están atendidos y cuyos cerebros están preparados para aprender sin otra opción que hacerlo, a las personas ciegas se les pide cambiar un sistema sensorial familiar que les guía de forma fiable por el mundo, por uno que les es desconocido y que no hace otra cosa que confundirlos. A veces, el esfuerzo de asimilación es demasiado. Como muchos otros pacientes, él cerraba sus ojos y fingía estar ciego cuando se veía superado por la situación. Cayó en una depresión y murió de neumonía al poco tiempo de su operación. A pesar de haber visto el mundo a través de sus propios ojos, seguía teniendo “ceguera mental”, conocida por los expertos como “agnosia visual”.

 
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Para que alguien pueda ver un objeto, el ojo tiene que percibir la imagen, pero esta también tiene que ser reconocida por el cerebro. Este proceso lleva práctica y cierta capacidad cerebral. Los pacientes con agnosia presentan frecuentemente daños cerebrales y han perdido la capacidad para interpretar lo que ven -pueden ver un objeto rectangular con un círculo marrón encima y una curva en uno de sus lados, pero no entienden que están mirando a una taza de café. Para ellos tan sólo son formas. Aquellos que han estado ciegos la mayor parte su vida, presentan cierta cantidad de agnosia visual al “despertar”.

 

Las distancias espaciales son uno de los principales problemas a los que se enfrentan. Un hombre veía inexplicablemente a la gente que se alejaba de él como si encogiera de tamaño. Otro procesaba la percepción espacial saliendo al campo y lanzando una de sus botas tan lejos como le era posible. Entonces, alargaba su mano para cogerla y, si estaba fuera de su alcance, daba un paso adelante y volvía a repetir el proceso.

 

Otro aspecto inexplicable para muchas de las personas que han recuperado la visión son las pinturas y otras representaciones visuales. Pueden comprender objetos reales, pero no los pintados. Incluso cuando entienden lo que las obras quieren representar, las sombras que sirven para definir mejor el espacio y dar forma son solamente percibidas como marcas oscuras en la pintura. Que es lo que realmente son, técnicamente hablando. De hecho, es la vagancia visual de los que vemos normalmente lo que nos permite ver estas manchas de pintura como sombras, en vez de percibirlas como formas y colores.

 

Debido a que desarrollamos nuestra familiaridad con rostros y expresiones faciales en momentos muy específicos de nuestras vidas -aquellos que han sido privados de contacto humano o de estímulos de expresiones faciales a esas edades, normalmente desarrollan problemas para leer dichas expresiones durante toda su vida- las personas que han sido ciegas sufren normalmente de ceguera para los rostros (prosopagnosia), o bien son incapaces de interpretar las emociones en las expresiones faciales. Algunas tienen problemas para diferenciar entre rostros femeninos y masculinos.

 
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Esto no quiere decir que estas personas sean un folio en blanco cuando hablamos de lo visual. Se ha visto que cuando las personas ciegas leen en Braille, el córtex visual se activa. Ellos “ven” con sus cerebros, pero no con sus ojos. Las intervenciones quirúrgicas en niños son particularmente exitosas. Un doctor se asombró al ver que un niño de diez años podía coordinar sus movimientos para atrapar las bolas de papel que le lanzaban a las pocas semanas de la operación, y que reconocía al equipo médico de vista. La gente joven asimila el mundo muy rápidamente.

 

Volviendo al susodicho famoso primer caso, el hombre recuperó la visión después de ser funcionalmente ciego desde los diez meses (era capaz de señalar los objetos brillantes, pero nada más). Como había trabajado con máquinas y mecánicos, fue capaz de leer el reloj que había en la habitación del hospital al poco tiempo de recuperarse tras la operación. Las formas, aunque eran desconocidas para sus ojos, cobraban sentido en su cerebro. También fue capaz de moverse por la habitación, coordinando lo que veía con las distancias que recordaba de antes de la operación.

 

Cuando los psicólogos le preguntaron si podía pintar lo que veía, empezando por la gente, su casa y un autobús, sus dibujos fueron increíbles. Empezaron siendo formas sencillas. Las casas eran cuadrados perfectos, con ventanas cuadradas y una puerta rectangular -tal y como lo haría un niño pequeño. Los autobuses eran similares, rectángulos y círculos. A medida que fue recuperándose, añadió más detalles al diseño del bus, incluyendo el texto en los rótulos, pero olvidó añadir partes del contorno del autobús, de forma que las ventanas y las ruedas parecían flotar. Podía dibujar personas, de forma simbólica, con dos brazos, dos piernas y una cabeza con los detalles. Cuando se le pidió que dibujase un elefante, pintó una mancha gris con cuatro piernas y tubos que representaban la trompa y la cola. Pero cuando no podía representar el objeto con formas o detalles que él sabía que tenían que estar ahí, no era capaz de dibujarlo.

 

Aprender a ver es, en muchos sentidos, como aprender a leer. Es un proceso complejo que involucra tiempo, práctica y habilidad mental, pero es un proceso que sólo funciona en una dirección. Llega un momento en el que perdemos la capacidad de mirar una señal de stop y no leer automáticamente la palabra stop -pero por lo menos podemos imaginar el no ser capaces de entender la palabra escrita. La idea de no comprender que una señal de stop es una señal, o  que es un objeto sólido que está colocado delante de una cosa y detrás de otra, es algo que hunde sus raíces en nuestra historia. Tenemos que mirar a los demás para entender cómo vemos el mundo antes de que conectemos nuestra visión con él.

 

Más información: Science News, Richard Gregory, Pilgrim at Tinker Creek

 
Artículo original publicado por ESTHER INGLIS-ARKELL en io9

Traductor

Estudié Física y trabajo en educación en STEM. Colaboro en @Principia_io, @pintofscienceES y @elbuscalibros

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